
Un avance significativo en el tratamiento del Parkinson ha sido desarrollado por científicos de Stanford, perfeccionando una tecnología utilizada desde hace décadas. Se trata de la estimulación cerebral profunda adaptativa (ECPA), una evolución de la estimulación cerebral profunda (ECP), aprobada recientemente por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE.UU. Esta innovación ha demostrado reducir temblores y rigidez en pacientes, mejorando los efectos adversos de las terapias tradicionales.
La ECP convencional opera de forma continua, emitiendo impulsos eléctricos constantes sin considerar el estado clínico del paciente, lo que puede generar efectos secundarios como subestimulación o sobreestimulación. En contraste, la ECPA registra y analiza en tiempo real las señales neuronales, ajustando la estimulación de acuerdo con la actividad cerebral del paciente. Esto permite un tratamiento más preciso y personalizado, disminuyendo la carga eléctrica administrada y reduciendo los efectos adversos.
Según la Dra. Helen Bronte-Stewart, neuróloga de la Universidad de Stanford, esta nueva tecnología "escucha la actividad cerebral y ajusta la estimulación en consecuencia". Inspirada en la evolución de los marcapasos cardíacos, la ECPA modula las señales neuronales en función de las necesidades individuales del paciente. De esta manera, se mejora el control de los síntomas motores y se optimiza la calidad de vida de quienes padecen esta enfermedad neurodegenerativa.
El profesor Philip Starr, neurocirujano de la Universidad de California en San Francisco, destacó que "las necesidades del cerebro varían según su nivel de actividad y su ciclo de medicación", lo que hace que la ECPA represente un avance significativo en la personalización de los tratamientos.
Este desarrollo marca un hito en la lucha contra el Parkinson, ofreciendo una alternativa más eficaz y menos invasiva para mejorar la calidad de vida de los pacientes.