El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina presentó su último informe, en el que reportó una caída de la pobreza al 36,3% y de la indigencia al 6,8% durante el tercer trimestre de 2025. Los datos muestran una recuperación respecto del pico de 2024, cuando la pobreza superó el 44%, aunque el organismo aclaró que la mejoría no alcanza para revertir problemas estructurales que arrastra el país.
El trabajo, titulado “Estrés y bienestar en una Argentina en transición”, destaca que la estabilización económica posterior al ajuste de 2023 —con una baja sostenida de la inflación y un reordenamiento de precios— no tuvo un impacto pleno en el bienestar cotidiano. Persisten ingresos insuficientes en los sectores más vulnerables, signos de inseguridad alimentaria y altos niveles de estrés económico entre los hogares.
El informe también plantea que parte de la reducción en los indicadores podría estar influida por cambios en la medición de ingresos de la Encuesta Permanente de Hogares. Según la UCA, los ajustes metodológicos aplicados desde fines de 2024 mejoraron abruptamente la captación de ingresos, lo que complica la comparación con años previos. A esto se suma que la Canasta Básica Total sigue basada en patrones de consumo de 2003-2004, lo que subestima el impacto actual de los servicios en el gasto familiar.
Pese a la baja en la pobreza, el estudio advierte que los pisos históricos se mantienen: la pobreza crónica afecta al 29,9% de los hogares y se concentra en los estratos más bajos. La desigualdad por nivel socioeconómico es marcada: en el estrato muy bajo, la pobreza llega al 71,8%, mientras que en el medio alto apenas alcanza el 3,5%.
La situación es especialmente crítica en los hogares con niños. La pobreza infantil se ubica en 58,9% y la indigencia en 14,9%, más del doble que en los hogares sin menores. La UCA sostiene que la infancia sigue siendo uno de los grupos más vulnerables a los vaivenes económicos y un espacio donde se profundizan desigualdades persistentes.
El mercado laboral aparece como uno de los principales focos de preocupación. El informe señala que la informalidad afecta al 51,6% de los trabajadores y que aumentan las formas de empleo precario. “En la Argentina no crece el desempleo: no hay empleo —advirtió el director del ODSA, Agustín Salvia—. Lo que suben son las changas, los empleos marginales, el autoempleo de subsistencia”. Según los datos del organismo, la combinación de informalidad y desempleo abierto alcanza al 34% de la fuerza laboral urbana.
El estudio concluye que la Argentina atraviesa una transición marcada por la reconciliación de variables macroeconómicas pero con una estructura social frágil. Para la UCA, la estabilización es necesaria pero insuficiente para lograr una mejora sostenida en la movilidad social. “Se está desarmando lo viejo, pero todavía no se está construyendo lo nuevo”, resumió Salvia.