30/01/2026 - Edición Nº324

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Salud y consumo cotidiano

Utensilios bajo la lupa: los químicos invisibles que pueden pasar de la cocina al plato

05/01/2026 | Investigaciones recientes advierten que miles de compuestos presentes en plásticos de uso diario podrían migrar a los alimentos y acumularse en el organismo, con posibles efectos hormonales y neurológicos.



La cocina, uno de los espacios más habituales del hogar, se convirtió en foco de atención para la comunidad científica. Estudios recientes citados por The Washington Post señalan que una amplia variedad de utensilios, envases y objetos domésticos fabricados con plástico pueden liberar sustancias químicas que terminan contaminando los alimentos.

Según las investigaciones, existen más de 16.000 compuestos asociados a materiales plásticos, y al menos un tercio de ellos estaría vinculado a riesgos para la salud humana. Estas sustancias no solo se encuentran en recipientes para almacenar comida, sino también en cucharones, espátulas, envases descartables y procesos industriales de elaboración de alimentos. El contacto con altas temperaturas, así como con productos grasos o ácidos, favorece la migración de estos químicos hacia lo que se consume.

Entre los compuestos que generan mayor preocupación aparecen los ftalatos, utilizados para dar flexibilidad al plástico; los bisfenoles, como el BPA, presentes en botellas y recubrimientos de latas; los retardantes de llama, detectados especialmente en utensilios plásticos de color negro; y los PFAS, conocidos como “químicos eternos” por su persistencia tanto en el ambiente como en el cuerpo humano. Diversos estudios vinculan estas sustancias con alteraciones hormonales, problemas de desarrollo neurológico y algunos tipos de cáncer.

La exposición no se limita al ámbito doméstico. Análisis realizados sobre alimentos de supermercados y restaurantes detectaron la presencia de estos compuestos en una gran proporción de los productos evaluados, incluidos pan y fórmulas infantiles. Los alimentos ultraprocesados mostraron concentraciones más elevadas, y se observó que las mujeres embarazadas con mayor consumo de este tipo de productos presentaban niveles superiores de ftalatos en orina.

Desde la industria química y alimentaria sostienen que estos aditivos cumplen funciones clave para la conservación, durabilidad y seguridad de los productos, y aseguran que los niveles actuales de exposición están dentro de los márgenes considerados seguros por los organismos reguladores. Sin embargo, especialistas independientes advierten que la evidencia científica sobre los efectos acumulativos y la exposición prolongada sigue creciendo, mientras miles de compuestos aún no cuentan con evaluaciones completas de seguridad.

Ante este escenario, los expertos recomiendan reducir el uso de plásticos en la cocina, evitar calentar alimentos en recipientes plásticos, priorizar envases de vidrio o acero inoxidable y disminuir el consumo de productos ultraprocesados. También alertan sobre etiquetas como “libre de BPA”, ya que pueden contener sustancias similares con efectos comparables.

La discusión sobre la seguridad de los plásticos de uso cotidiano continúa abierta. Para la comunidad científica, los datos actuales refuerzan la necesidad de regulaciones más estrictas y de una revisión profunda de los materiales que entran en contacto directo con los alimentos, en un contexto donde, hasta ahora, ningún plástico puede considerarse completamente inocuo.