30/01/2026 - Edición Nº324

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Salud mental y alimentación

Lo que comemos también influye en la mente: el magnesio bajo la lupa en los trastornos de ansiedad

09/01/2026 | Especialistas en psiquiatría nutricional advierten que déficits de micronutrientes podrían agravar síntomas de ansiedad, aunque remarcan que la dieta no reemplaza a los tratamientos médicos tradicionales.



La relación entre alimentación y salud mental comenzó a ocupar un lugar cada vez más relevante en la investigación científica. En los últimos años, distintos estudios sugieren que ciertos componentes de la dieta pueden influir en el funcionamiento del cerebro y en el equilibrio emocional, especialmente en personas que padecen ansiedad o depresión.

Tradicionalmente, estos trastornos se abordaron principalmente con psicoterapia y medicación, como los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. Sin embargo, un enfoque más reciente propone observar también el estado nutricional de los pacientes. En ese contexto, micronutrientes como el magnesio, las vitaminas del complejo B, la colina y los ácidos grasos omega-3 comenzaron a despertar interés entre psiquiatras e investigadores.

Según especialistas citados por Vox, el eje intestino-cerebro cumple un rol clave en la producción de neurotransmisores esenciales para el bienestar emocional, como la serotonina y el GABA. Una alimentación deficiente podría alterar este sistema y contribuir a la aparición o intensificación de síntomas ansiosos. Experimentos con animales mostraron que la reducción de magnesio puede inducir comportamientos compatibles con la ansiedad, aunque en humanos la evidencia aún resulta dispar.

Algunos casos clínicos impulsaron esta línea de análisis. Pacientes con ansiedad persistente, que no respondían plenamente a tratamientos convencionales, evidenciaron déficits nutricionales al realizarse estudios de laboratorio. En ciertos escenarios, la incorporación de suplementos de magnesio y otros micronutrientes, como complemento del tratamiento médico, se asoció a una mejoría gradual de los síntomas.

No obstante, los especialistas advierten que los suplementos no funcionan como soluciones mágicas. Existen distintas formas de magnesio —citrato, glicinato, óxido, entre otras— con niveles variables de absorción, y los ensayos clínicos todavía no logran conclusiones unánimes sobre su eficacia en la ansiedad. Además, las pruebas de sangre no siempre reflejan con exactitud las reservas reales de micronutrientes en el organismo.

Las estadísticas refuerzan la relevancia del tema: una gran proporción de la población presenta consumos insuficientes de vitamina D, magnesio y colina, lo que abre el debate sobre la calidad de la dieta moderna. Aun así, los expertos coinciden en que la suplementación debe evaluarse de manera individual y bajo supervisión médica, sin desplazar a los tratamientos farmacológicos cuando estos son necesarios.

Desde la psiquiatría nutricional recomiendan priorizar una alimentación variada y equilibrada como base del cuidado de la salud mental. Incorporar vegetales de hoja verde, frutos secos, legumbres, huevos, pescados grasos y granos integrales puede ayudar a cubrir los requerimientos diarios de micronutrientes esenciales. Mientras la ciencia avanza, la evidencia actual refuerza una idea central: lo que se come no solo impacta en el cuerpo, sino también en la mente.

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