La Laguna Mar Chiquita volvió a convertirse en protagonista de una experiencia tan llamativa como colectiva. El último domingo, 1.832 personas flotaron al mismo tiempo en sus aguas salinas con la ilusión de romper el récord mundial de flotación simultánea, durante la segunda edición del Festival de la Planchita, realizado en Miramar de Ansenuza, al noreste de la provincia de Córdoba.
Vecinos y turistas se acercaron desde distintos puntos del país para formar parte de una jornada que combinó naturaleza, recreación y actividades culturales. Aunque no se logró superar la marca vigente, el intento quedó muy cerca: el récord actual, registrado en 2017 en Carhué, sobre el Lago Epecuén, sigue siendo de 1.941 personas flotando en simultáneo.
La particularidad de Mar Chiquita radica en su altísima concentración de sales y minerales, que permite flotar casi sin esfuerzo. Según información difundida por el municipio de Miramar de Ansenuza, la laguna supera actualmente los 110 gramos de sal por litro de agua, una característica propia de su condición de cuenca cerrada y de los procesos de evaporación. El espejo de agua alcanza unas 450 mil hectáreas, lo que la convierte en una de las lagunas salinas más grandes del mundo.
Desde la organización del evento explicaron que se registraron 1.837 personas inscriptas, pero que la cifra oficial validada corresponde a quienes ingresaron efectivamente al agua durante el intento. Para ello se implementaron controles de acreditación, aunque también hubo participantes espontáneos que se sumaron en el momento.
Más allá del desafío acuático, el Festival de la Planchita transformó la costanera en un espacio de encuentro. Hubo música en vivo, DJ, juegos recreativos, tejo, intervenciones artísticas, sorteos y propuestas gastronómicas, que acompañaron la actividad central y atrajeron a familias, jóvenes y visitantes.
El evento también sirvió para visibilizar el valor ambiental de la Laguna Mar Chiquita, integrada al Parque Nacional Ansenuza, uno de los humedales más importantes de Sudamérica. El área es reconocida por su biodiversidad y por ser hábitat de numerosas especies de aves, entre ellas los flamencos, y se consolida como un destino donde el turismo, la conservación y el disfrute de la naturaleza conviven en equilibrio.