La crisis del consumo en Argentina impacta con fuerza en uno de los alimentos más tradicionales de la mesa familiar: el pan. Desde el sector panadero advierten que la caída en las ventas se profundizó en los últimos dos años, provocando el cierre de locales y la pérdida de miles de puestos de trabajo.
El referente de la industria panadera, Martín Pinto, describió la gravedad del escenario social y económico que atraviesa el país. “Si hoy la familia ya no puede comer pan, ya realmente está más complicado”, afirmó al referirse al deterioro del poder adquisitivo.
Según explicó el dirigente, el sector viene alertando desde hace tiempo sobre el deterioro de la actividad. De acuerdo con sus datos, la crisis comenzó a evidenciarse con fuerza desde principios de 2024. “Ya en el primer mes de gestión de este gobierno teníamos casi 100 panaderías cerradas”, recordó. Con el paso del tiempo, el panorama se agravó.
“Hoy, con dos años de gobierno, tenemos 2.000 panaderías cerradas y más de 16.000 puestos de trabajo perdidos”, advirtió.
El desplome del consumo impacta de manera directa en la actividad diaria de las panaderías, donde los comerciantes enfrentan el dilema de aumentar los precios o perder aún más ventas.
Actualmente, el kilo de pan presenta valores variables según la zona. En Merlo, por ejemplo, el precio sugerido ronda los 2.800 pesos en los barrios y los 3.500 pesos en áreas céntricas.
Pinto señaló que, pese al aumento de los costos, muchos comerciantes evitan modificar los precios para no profundizar la caída en las ventas. “Hace seis meses que no tocamos el precio del pan, no porque no lo necesitemos, sino porque si lo aumentamos dejamos de vender”, explicó.
En ese contexto, numerosas panaderías continúan trabajando sin rentabilidad con el objetivo de sostener el empleo y cubrir los gastos básicos. “Hoy un panadero está trabajando a pérdida para sostener la fuente de trabajo y pagar los gastos fijos”, sostuvo.
La caída del consumo también se refleja en otros productos tradicionales del rubro. De acuerdo con los datos del sector, en los últimos dos años el consumo de pan cayó un 55%, mientras que el de facturas y productos de pastelería se redujo entre un 80% y un 85%.
Además de la caída en las ventas, los panaderos enfrentan un fuerte incremento en los costos de servicios, insumos y materias primas. Según explicó Pinto, las subas en electricidad, gas, impuestos y harina generan una presión que los comerciantes no pueden trasladar al precio final.
“Es una pelea desleal: nosotros no podemos aumentar el pan, pero todos los meses recibimos aumentos en luz, gas, impuestos y materias primas”, afirmó.
Ante este escenario, el referente del sector reclamó la intervención de las autoridades nacionales para estabilizar los precios de los insumos y mejorar el poder adquisitivo de los consumidores.
“Necesitamos que la Secretaría de Comercio actúe y ordene los precios de los insumos para que la gente recupere poder de compra y el panadero no se funda”, concluyó.