Las compañías petroleras aplicaron un nuevo aumento del 4% en los combustibles en todo el país, lo que llevó el precio del litro de nafta súper por encima de los $1.800 y acumuló un incremento cercano al 10% en lo que va de marzo.
Se trata de la segunda suba en menos de una semana, en un contexto en el que, por decisión del Gobierno nacional, las empresas ya no están obligadas a informar previamente los ajustes, lo que genera sorpresa entre los usuarios al momento de cargar combustible.
El incremento se da en medio de la aceleración inflacionaria y del impacto internacional por el encarecimiento del petróleo, impulsado por el conflicto en Medio Oriente, con el barril rondando los 100 dólares. Esta situación presiona sobre toda la estructura de costos de la economía, con especial incidencia en alimentos y transporte.
De acuerdo con distintos relevamientos privados, los alimentos continúan mostrando subas sostenidas. La consultora Analytica estimó un aumento del 2,2% en las últimas cuatro semanas en el Gran Buenos Aires, mientras que LCG registró un incremento acumulado del 2,7% en lo que va de marzo para el rubro alimentos y bebidas.
En cuanto a los precios en surtidores, las principales petroleras ajustaron sus valores. En YPF, la nafta súper ronda los $1.830 y la premium supera los $2.000. En otras compañías como Puma, Axion y Shell, los precios se ubican en niveles similares o incluso superiores, con diferencias según la región.
En comparación internacional, mientras en Estados Unidos el litro de combustible se ubica en torno a los 0,90 dólares, en Argentina alcanza aproximadamente los 1,20 dólares, lo que refleja las tensiones del mercado local y los costos dolarizados del sector.
Un informe de la consultora EcoGo indicó que el índice de precios promedio de naftas y gasoil pasó de 136,3 a 148,2 puntos entre fines de febrero y mediados de marzo, lo que da cuenta de la magnitud de los aumentos recientes.
En este escenario, los incrementos en combustibles continúan siendo un factor clave en la dinámica inflacionaria y en la pérdida del poder adquisitivo, en un contexto económico que sigue mostrando señales de tensión.