La suba del precio internacional del petróleo, impulsada por el conflicto en el Golfo Pérsico y las restricciones en el estrecho de Ormuz, abre un escenario de contrastes para la economía argentina: mientras crecen las presiones inflacionarias, también se proyecta un fuerte salto en las exportaciones.
Con el barril de crudo en torno a los 100 dólares y perspectivas de sostenerse en niveles elevados durante los próximos meses, las ventas externas de energía podrían aumentar significativamente. Las estimaciones indican que las exportaciones petroleras pasarían de unos USD 12.500 millones a cerca de USD 17.000 millones en 2026.
Este impulso, sumado a una mejora en los precios internacionales de los productos agrícolas, podría llevar a que la Argentina supere por primera vez en su historia los USD 100.000 millones en exportaciones totales, marcando un récord histórico en el ingreso de divisas.
El economista Fernando Marull explicó que el salto del barril de USD 70 a USD 100 implica un incremento cercano a USD 4.500 millones en exportaciones petroleras. Sin embargo, advirtió que el encarecimiento del combustible también impacta negativamente en los costos logísticos del agro y en el acceso a insumos clave como fertilizantes.
Desde el sector energético, el presidente de YPF, Horacio Marín, aseguró que la compañía limitará el aumento de los combustibles a un máximo del 10%, en línea con el impacto directo del conflicto internacional en los costos. Además, sostuvo que no habrá especulación con los precios y que los valores podrían ajustarse a la baja si el mercado internacional se estabiliza.
En el plano macroeconómico, el mayor ingreso de dólares podría traducirse en un fortalecimiento de las reservas, con el Banco Central de la República Argentina como principal receptor de ese excedente.
No obstante, el encarecimiento de los combustibles representa un desafío para la inflación. El aumento en surtidores podría complicar la desaceleración de precios en el corto plazo, especialmente por su efecto indirecto en transporte y costos productivos.
En paralelo, algunos indicadores muestran señales de alivio. La inflación mayorista registró en febrero un incremento moderado, favorecido por la estabilidad cambiaria y la baja en productos importados, lo que podría anticipar una desaceleración en los precios al consumidor en los próximos meses.
En este contexto, el presidente Javier Milei reiteró su expectativa de que la inflación minorista continúe descendiendo y alcance niveles cercanos a cero hacia agosto, aunque el comportamiento de variables clave como el precio del petróleo seguirá siendo determinante.