
por Hernán Hamra
El enfrentamiento entre el presidente Javier Milei y el expresidente Mauricio Macri ha escalado de manera pública y notoria, exponiendo no solo una lucha de egos, sino también un conflicto estratégico que podría marcar el futuro político de la Argentina. La disputa, amplificada por las redes sociales, demuestra que el campo de batalla ya no es solo el Congreso o los medios tradicionales, sino el timeline de Twitter, donde las palabras se convierten en armas y los "likes" en aliados.
El último capítulo de esta tensión se desató luego de que Macri cuestionara la influencia de Karina Milei en el Gobierno, a lo que el Presidente respondió con una férrea defensa de su hermana, dejando en claro que su círculo íntimo no es negociable. Pero más allá del episodio puntual, lo que está en juego es mucho más que una simple diferencia personal: se trata de quién define la derecha en la Argentina y bajo qué condiciones.
Macri, con su experiencia y su estructura partidaria, parece apostar a un esquema de acuerdos con el oficialismo a través de "maullidos moderados", mientras que Milei y su entorno buscan consolidar un proyecto purista que excluya a los sectores tradicionales del PRO con sus ataques a través de "rugidos estruendosos". En este contexto, las redes sociales han jugado un papel fundamental, permitiendo a Milei imponer su relato y movilizar a sus seguidores con un discurso sin filtros, en contraste con un Macri que aún se aferra a los viejos códigos de la política convencional.
Más allá de los roces y los intercambios en redes, la pregunta clave es: ¿hacia dónde se dirige la derecha argentina? ¿Se inclinará hacia una figura única y omnipresente como la de Milei o buscará una integración con el macrismo para garantizar estabilidad y gobernabilidad? La respuesta aún no está clara, pero lo que es seguro es que esta pulseada no ha hecho más que comenzar.