16/04/2026 - Edición Nº400

Nacionales

Entrevista

“Es como quedarte afuera de la vida”: el testimonio de un trabajador tras el cierre de FATE

16/04/2026 | Jorge Ayala, trabajador despedido luego de 32 años en FATE, cuenta en primera persona el impacto del cierre de la fábrica, la falta de respuestas y la incertidumbre que enfrentan más de 900 familias en medio de la crisis laboral.


por Federico Lorenzo - Hernán Hamra


En medio de una crisis económica y social que golpea de lleno a los trabajadores, el conflicto en FATE se convirtió en uno de los casos más emblemáticos. El cierre de la fábrica de neumáticos dejó a más de 900 familias en la calle y abrió un debate que va mucho más allá de una empresa: el rol del Estado, la responsabilidad empresarial y el futuro del empleo en la Argentina.

En las últimas semanas, los trabajadores se movilizaron, lograron un embargo judicial para garantizar el pago de salarios y ahora impulsan una propuesta de estatización temporal para reactivar la producción. Pero además, llevaron el conflicto a las universidades, buscando sumar apoyos y plantear que esta pelea no es solo de un sector, sino de toda la sociedad.

Para hablar sobre esta situación, desde Sala de Prensa dialogamos con Jorge Ayala, trabajador de FATE con más de 32 años de antigüedad en la empresa, referente de la Lista Marrón del Sutna y una de las voces más firmes dentro de este conflicto.

A casi dos meses de los despidos, Ayala todavía recuerda el 18 de febrero como un día difícil de procesar. “No entendíamos nada”, dice. La noticia no solo significó perder un trabajo: fue, para muchos, el derrumbe de una vida construida durante décadas dentro de la fábrica.

Un golpe que nadie esperaba

Desde hace tiempo, entre los operarios había preocupación por la situación económica, pero el cierre total no estaba en los planes de nadie. “Podíamos imaginar suspensiones, momentos difíciles, pero no esto”, explica.

Para Ayala, lo que pasó no se puede separar del contexto del país, pero tampoco se explica solo por eso. Cree que hubo una decisión empresarial que encontró el momento justo para avanzar, un día antes de la aprobación de la Ley de Modernización Laboral en la Cámara de Diputados. Y ahí también entra la política. “Nosotros somos los que pagamos el plato roto de peleas que se dan arriba”, resume.

Mientras tanto, quienes quedaron afuera tratan de reorganizar su vida como pueden. Sin indemnizaciones, sin ingresos claros y con cuentas que siguen llegando, muchas familias se sostienen con ayuda entre compañeros, con el fondo de lucha, changas o lo que aparezca.

Resistir en medio de la incertidumbre

Frente a ese escenario, los trabajadores decidieron no quedarse quietos. La permanencia en la planta, las marchas y las presentaciones judiciales fueron una forma de responder, pero también de sostener algo más profundo.

“Si nos quiebran económicamente, estamos en el horno”, dice Ayala, sin vueltas.

En ese camino lograron algunos avances, como el embargo judicial para intentar garantizar el pago de salarios. También empujan una salida que hoy ven como la más concreta: que el Estado provincial intervenga la fábrica de manera temporaria para volver a producir.

Pero el desgaste se siente. A la falta de plata se suman, según denuncian, llamados y presiones para que los trabajadores arreglen por su cuenta. “Van a lo más sensible, a problemas personales, para que la gente afloje”, cuenta.

Una pelea que también se juega en la política

En paralelo, los trabajadores impulsan una salida que, aunque aún está en discusión, buscan instalar con fuerza en la agenda política: la posibilidad de una ocupación o intervención temporaria de la planta para reactivar la producción bajo control estatal. La propuesta ya fue presentada y deberá ser tratada en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, donde los distintos bloques políticos tendrán que definir si avanzan o no con la iniciativa.

Se trata de una alternativa que no implica una expropiación definitiva, sino una administración transitoria que permita sostener los puestos de trabajo y volver a poner en marcha la fábrica mientras se busca una solución de fondo. “Hoy lo único concreto es que la planta está parada y hay 920 familias sin ingresos”, sostiene.

En ese contexto, Ayala también endurece sus definiciones hacia los principales actores del conflicto. Por un lado, apunta directamente contra el empresario del grupo. “Sin los trabajadores no hay producción ni riqueza. No somos descartables”, plantea en referencia a Madanes Quintanilla, a quien responsabiliza por la decisión de cierre y por la falta de respuestas concretas a los despedidos.

Por otro lado, dirige críticas al gobierno nacional. Sin matices, cuestiona el rumbo económico y las políticas laborales impulsadas por la gestión de Javier Milei. “Este modelo ya demostró que no funciona. Siempre terminan pagando los trabajadores”, sostiene, al tiempo que advierte sobre el impacto social de la crisis y la pérdida de empleo en distintos sectores.

Una lucha que busca no quedar sola

Con el paso de las semanas, el conflicto empezó a salir de los límites de la fábrica. Los trabajadores recorrieron universidades, participaron de charlas y llevaron su testimonio a espacios donde, muchas veces, la realidad industrial parece lejana. Allí no solo contaron lo que pasó en FATE, sino que también escucharon otras problemáticas, como los recortes presupuestarios y la incertidumbre que atraviesa el sistema universitario.

En ese intercambio, encontraron puntos en común: la falta de respuestas, la precarización y el temor a un futuro sin oportunidades. Para Ayala, esas recorridas no solo visibilizan el conflicto, sino que también construyen solidaridad y conciencia. “No es solo por nosotros, es para que se entienda que esto le puede pasar a cualquiera. El miedo a quedarse afuera está en todos lados”, afirma.

Para él, esa conexión explica por qué insisten en que lo de FATE no es un caso aislado. Por eso repiten una consigna que cada vez cobra más fuerza: “Si gana FATE, ganamos todos”.

No lo plantean solo como una pelea por sus puestos de trabajo, sino como un límite a lo que sienten que está pasando.

En ese sentido, Ayala lo baja a tierra con una definición simple pero dura, atravesada por la experiencia: quedarse sin trabajo no es solo un problema económico. “Es como quedarte afuera de la vida”, dice.

Aun así, la pelea sigue. Con el apoyo entre compañeros, el respaldo de sus familias y la solidaridad que van encontrando, los trabajadores de FATE intentan sostener algo básico, pero hoy incierto: la posibilidad de volver a trabajar.

Temas de esta nota:

SUTNATRABAJOEMPLEOFATEJORGE AYALA