La histórica cooperativa láctea SanCor profundizó su crisis financiera al solicitar formalmente su propia quiebra, luego de no lograr revertir su delicada situación económica pese a haber atravesado un concurso preventivo de acreedores iniciado el año pasado. La empresa enfrenta una deuda estimada en 120 millones de dólares y un escenario de insolvencia generalizada.
El pedido fue presentado ante la Justicia en Rafaela y se espera una instancia clave el próximo 30 de abril, cuando se realice una asamblea extraordinaria que podría definir los pasos a seguir en el proceso.
Desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra) confirmaron la situación y señalaron que la decisión refleja un estado de cesación de pagos ya verificado por los organismos de control del concurso. En ese marco, cuestionaron que la medida llega tarde frente a una crisis que, aseguran, era evidente.
El sindicato también denunció que los trabajadores llevan ocho meses sin percibir sus salarios, incluyendo aguinaldos, y que muchos debieron sostenerse mediante el fondo solidario del gremio. Según indicaron, la empresa habría continuado operando gracias al esfuerzo económico de su personal.
El deterioro de SanCor se profundizó en los últimos años. En 2025, la firma desvinculó a unos 300 empleados en distintas plantas productivas de Córdoba y Santa Fe. La caída en la actividad también fue significativa: de procesar cerca de 4 millones de litros de leche diarios en 2017, actualmente su producción ronda los 500 mil litros.
A lo largo de este período, la cooperativa impulsó distintos intentos de reestructuración, incluyendo cierres, ventas de unidades y negociaciones con inversores para la creación de un fideicomiso que permitiera relanzar la empresa. Sin embargo, ninguna de estas alternativas logró consolidarse.
Además, conflictos salariales llevaron a la paralización total de sus plantas durante varios meses entre 2023 y 2024, lo que agravó aún más la situación productiva y financiera.
Pese al escenario crítico, desde Atilra sostienen que la quiebra no representa el final, sino la posibilidad de una nueva etapa para la marca, con la expectativa de reconstruirla sobre nuevas bases.