19/05/2026 - Edición Nº433

Opinión

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Milei en UdeSA: cuando el poder convierte el desprecio en mensaje

18/05/2026 | Tras la Marcha Federal Universitaria y en medio del ajuste a las casas de estudio públicas, Javier Milei eligió dar una charla en la Universidad de San Andrés. Un gesto político que profundiza el conflicto con el sistema universitario.


por Hernán Hamra


A días de una multitudinaria Marcha Federal Universitaria y en medio del conflicto por el desfinanciamiento de las casas de estudio públicas, Javier Milei eligió dar una charla en una de las universidades privadas más exclusivas del país. El gesto, lejos de ser inocente, funciona como una señal política que profundiza la fractura entre el Gobierno y el sistema universitario argentino.

La política también se construye con símbolos. Y en tiempos de crisis, los gestos pesan tanto como las decisiones administrativas. Por eso, la aparición de Javier Milei en la Universidad de San Andrés apenas días después de la cuarta Marcha Federal Universitaria no puede leerse como una simple actividad académica más. Todo ocurre en un contexto concreto, con miles de docentes, estudiantes, investigadores y rectores movilizados en todo el país reclamando financiamiento, salarios dignos y el cumplimiento de una ley que el propio Gobierno se niega a aplicar.

La escena tiene una potencia simbólica difícil de ignorar. Mientras las universidades nacionales denuncian una caída presupuestaria acumulada cercana al 45% desde 2023, pérdida salarial docente y riesgo de paralización académica, el Presidente decide mostrarse dando una clase en una institución privada vinculada históricamente a las élites económicas argentinas.

No se trata de cuestionar la existencia de universidades privadas. Tampoco de discutir la legitimidad de que un presidente participe de una actividad académica. El problema es el contexto político en el que sucede y el mensaje que transmite. Porque mientras el Gobierno insiste en que “no hay plata” para sostener el sistema universitario público, sí parece haber voluntad para profundizar una narrativa ideológica que enfrenta deliberadamente a la educación estatal con modelos de mercado.

La presencia de Milei en UdeSA aparece así como una suerte de provocación calculada. Más aún cuando el evento se realizó después de una marcha multitudinaria que volvió a poner a las universidades públicas en el centro de la agenda política y social. Según distintos medios, el mandatario brindó una clase de economía acompañado por Federico Sturzenegger en una actividad cerrada a la prensa.

El contraste es inevitable, ya que mientras en las universidades nacionales se suspenden obras, se congelan partidas y docentes abandonan cargos porque sus salarios quedaron pulverizados por la inflación, el Presidente elige exhibirse en una institución inaccesible para la enorme mayoría de los argentinos.

El oficialismo suele responder que las universidades públicas deben ser auditadas y que existen estructuras “politizadas”. Sin embargo, incluso quienes plantean críticas al funcionamiento universitario reconocen que el Gobierno transformó el conflicto en una batalla ideológica total, donde cualquier defensa de la educación pública es leída como una amenaza política.

Ahí está quizás el punto más preocupante. El problema ya no es solamente presupuestario. Es cultural y democrático; es ideológico y dogmático. Porque la universidad pública argentina no representa únicamente un sistema educativo, sino también una idea de movilidad social, de producción científica y de acceso al conocimiento como derecho. Y cuando un presidente parece burlarse de ese reclamo desde el escenario opuesto, el mensaje excede cualquier discusión fiscal.

Las marchas universitarias no fueron una simple protesta sectorial. Fueron una reacción transversal de una sociedad que todavía considera a la universidad pública uno de los pocos consensos históricos que sobreviven en la Argentina. Que el Gobierno responda a ese reclamo con indiferencia ya sería grave. Que además lo haga mediante gestos que parecen diseñados para irritar y polarizar convierte el conflicto en algo todavía más profundo.

Porque al final, el problema no es la UdeSA, como tampoco lo es la educación privada. El problema es privar de la educación pública a millones de argentinos que aspiran a una mejor calidad de vida, como lo hicieron generaciones enteras que lograron ser los primeros universitarios en sus familias. El problema es un presidente que parece convertir el desprecio por la universidad pública en una demostración de poder. Y cuando el ajuste viene acompañado de gestos que rozan la burla, el mensaje deja de ser económico para volverse profundamente político.