La mora en los créditos otorgados a las familias argentinas volvió a incrementarse durante mayo y profundizó una tendencia que ya lleva 19 meses consecutivos. Según un relevamiento de la consultora 1816, cerca de siete millones de personas dejaron de reunir las condiciones necesarias para acceder a nuevos préstamos, tanto en entidades bancarias como en financieras.
El estudio, elaborado sobre la base de datos de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA), estimó que la irregularidad en los créditos familiares pasó del 12,1% en abril al 12,7% en mayo. En el caso de las empresas, el índice también mostró un leve aumento, mientras que la mora total del sector privado alcanzó el 7,7%.
El informe sostiene que el crecimiento de la morosidad reduce la capacidad del crédito para impulsar el consumo y la actividad económica, ya que más de una cuarta parte de quienes tomaron préstamos dejaron de ser considerados sujetos aptos para recibir nuevo financiamiento.
Uno de los sectores más afectados es el de los jóvenes. Casi cuatro de cada diez personas menores de 35 años con créditos vigentes presentan al menos una deuda en situación irregular. Entre los deudores de 18 a 25 años, la mora supera el 42%, mientras que entre quienes tienen entre 26 y 35 años ronda el 39%.
La situación también se agravó entre las entidades no financieras, donde la morosidad alcanzó el 32,2%, muy por encima de los registros observados un año y medio atrás, cuando se ubicaba por debajo del 10%.
De acuerdo con el relevamiento, el aumento de la irregularidad fue generalizado: 26 de las 30 principales entidades que otorgan préstamos a familias registraron un incremento de la mora durante mayo respecto del mes anterior.
Los analistas señalaron que la evolución de los próximos meses será clave para determinar si el pago del aguinaldo logra aliviar parcialmente el nivel de incumplimientos o si la tendencia continuará en ascenso. Mientras tanto, el mercado crediticio enfrenta un escenario de mayor cautela, con bancos privados que redujeron la oferta de préstamos y un acceso al financiamiento cada vez más limitado para los hogares.