29/07/2026 - Edición Nº504

Nacionales

A 26 años de su muerte

René Favaloro, el médico que salvó millones de vidas y nunca renunció a sus principios

29/07/2026 | El creador del bypass coronario revolucionó la cirugía cardíaca, pero su legado también se construyó sobre la defensa de la educación pública, la ciencia y una ética que trascendió la medicina.


por Hernán Hamra


Hay nombres que trascienden su profesión para convertirse en patrimonio de una sociedad. El de René Gerónimo Favaloro es uno de ellos. A 26 años de su muerte, ocurrida el 29 de julio de 2000, su figura continúa siendo sinónimo de excelencia médica, compromiso social y una ética que aún hoy interpela a la dirigencia política, al sistema sanitario y a la comunidad científica.

Su mayor aporte cambió para siempre la historia de la medicina. En 1967, mientras integraba el equipo de la Cleveland Clinic, en Estados Unidos, desarrolló la técnica del bypass aortocoronario utilizando la vena safena, una intervención que revolucionó el tratamiento de la enfermedad coronaria y que, desde entonces, permitió salvar millones de vidas en todo el mundo.

Sin embargo, reducir su legado a ese descubrimiento sería injusto. Favaloro entendía la medicina como una vocación de servicio mucho antes de alcanzar prestigio internacional.

Graduado en la Universidad Nacional de La Plata, eligió ejercer durante doce años como médico rural en Jacinto Aráuz, un pequeño pueblo de La Pampa. Allí no sólo atendía pacientes: impulsó campañas de prevención, organizó un banco de sangre, capacitó personal de salud y recorrió kilómetros de caminos rurales para asistir a quienes no tenían acceso a un hospital. Esa experiencia moldeó su mirada humanista y su convicción de que la medicina debía estar al servicio de quienes más la necesitaban.

El reconocimiento internacional llegó con el bypass, pero también con una decisión que marcó su vida. Pese a recibir ofertas para continuar su carrera en Estados Unidos, decidió regresar al país convencido de que el conocimiento adquirido debía ponerse al servicio de la Argentina.

Ese compromiso se materializó en 1975 con la creación de la Fundación Favaloro, concebida como un espacio donde la asistencia médica, la investigación científica y la formación de nuevos profesionales convivieran bajo un mismo objetivo: construir un sistema de salud de excelencia con fuerte compromiso social.

Además de cirujano, fue docente, investigador, escritor y un incansable divulgador científico. Defendió la educación pública, promovió el desarrollo de la ciencia nacional y denunció en numerosas oportunidades la corrupción, las desigualdades y las falencias estructurales del sistema sanitario.

Sus frases reflejan esa manera de entender la profesión. "La medicina sin humanismo médico no merece ser ejercida", repetía. Y también dejaba una enseñanza que atravesó toda su vida: "Estoy convencido de que 'nosotros' es más importante que 'yo'".

El 29 de julio de 2000, a los 77 años, Favaloro decidió quitarse la vida. La crisis económica que atravesaba la Fundación Favaloro, asfixiada por millonarias deudas que mantenían el PAMI y otras obras sociales, sumada a un profundo cuadro depresivo, marcaron el desenlace de una historia que conmocionó al país y abrió un intenso debate sobre el financiamiento de la salud y el lugar de la ciencia en la Argentina.

Con el paso del tiempo, su figura adquirió una dimensión que trasciende la medicina. Favaloro representa la defensa de la educación pública, el valor del conocimiento, la investigación científica y una forma de ejercer la profesión donde la ética nunca quedó subordinada al prestigio ni al éxito personal.

Quizá por eso, más de dos décadas después de su muerte, sigue siendo una de las personalidades más respetadas por los argentinos.

No sólo porque desarrolló una técnica que salvó millones de vidas, sino porque demostró que la verdadera grandeza de un médico no se mide únicamente por lo que hace dentro de un quirófano, sino también por los valores que decide sostener cuando se apagan las luces del reconocimiento.

Y tal vez el mejor homenaje sea recordar el deseo que él mismo expresó sobre cómo quería ser recordado: "Quisiera ser recordado como docente más que como cirujano". En esa frase conviven el científico brillante, el médico comprometido y el hombre que entendió que el conocimiento sólo cobra sentido cuando se comparte.