La recuperación de algunos indicadores económicos todavía no logra traducirse en una mejora sostenida del mercado laboral. Mientras la economía argentina acumula dos años consecutivos de crecimiento, el empleo asalariado formal continúa en retroceso y se convirtió en uno de los principales desafíos para el Gobierno de Javier Milei de cara a las elecciones de 2027.
Según datos oficiales citados por Bloomberg, desde la llegada de Milei a la Presidencia se perdieron alrededor de 241.000 puestos de trabajo asalariados del sector privado, una reducción cercana al 4% del total. A esto se suman otros 73.000 empleos del sector público que fueron eliminados durante la actual administración.
El deterioro también alcanza al entramado empresarial. La cantidad de empleadores privados se ubicó en torno de las 482.000 empresas, el nivel más bajo desde 2007, de acuerdo con datos del centro de estudios Fundar citados en el informe. Neuquén aparece como la única provincia que habría incrementado su cantidad de empresas durante la gestión libertaria, impulsada principalmente por el desarrollo energético.
Uno de los principales interrogantes de la actual etapa económica es por qué el crecimiento no se traduce en una mayor cantidad de puestos registrados. El economista laboral Matías Maito, de la Universidad de San Andrés, definió el fenómeno como un proceso de “crecimiento sin creación de empleo de calidad” y señaló que el aumento se concentra principalmente en el trabajo informal.
Los datos del INDEC muestran que la desocupación alcanzó el 7,8% durante el primer trimestre de 2026, equivalente a unos 1,7 millones de personas si se proyectan los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares al total del país. La tasa, además, se ubicó entre los registros más elevados desde la pandemia.
A la par, la informalidad laboral se consolidó como una de las principales características del mercado de trabajo. Cerca del 44% de la fuerza laboral se desempeña actualmente bajo condiciones informales, según los datos citados en el informe.
El fenómeno no se limita a trabajadores de menor calificación. También aparecen dificultades entre profesionales y empleados de sectores que durante los últimos años habían mostrado mayor dinamismo, como tecnología, minería y energía. En algunos de esos rubros, la contratación se estancó o disminuyó.
El escenario laboral adquiere relevancia política porque el desempleo pasó a ocupar un lugar central entre las preocupaciones de los argentinos. Una encuesta difundida recientemente ubicó a la falta de trabajo como el principal problema mencionado por los consultados, por encima de los bajos salarios y la inseguridad.
La situación supone un desafío adicional para Milei: el Gobierno consiguió reducir significativamente la inflación respecto de los niveles registrados al comienzo de su gestión, pero la mejora de los precios no necesariamente alcanza para compensar el impacto de la pérdida de empleo y la precarización laboral en la percepción de los hogares.
El propio comportamiento de la actividad económica muestra una tensión: mientras algunos indicadores macroeconómicos reflejan recuperación, sectores vinculados a la construcción, el consumo y determinadas industrias continúan enfrentando dificultades. Los recortes de la obra pública y la apertura comercial aparecen entre los factores señalados para explicar parte de la pérdida de puestos.
En ese contexto, la capacidad de la economía para generar empleo registrado y de calidad se perfila como uno de los principales desafíos del Gobierno en el tramo previo a las elecciones de 2027. La evolución del mercado laboral no solo será relevante para los trabajadores y las empresas, sino también para medir hasta qué punto el crecimiento económico logra convertirse en una mejora concreta para los hogares argentinos.