El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) registra una transformación silenciosa pero contundente en sus pautas de movilidad urbana. Según un minucioso análisis basado en cifras de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) e informes estadísticos porteños, el volumen de pasajeros que utiliza la red pública disminuyó drásticamente en comparación con los últimos años.
El impacto es particularmente severo en el sistema de colectivos. Durante los días hábiles de junio, la cantidad de pasajes validados se redujo en más de 1,6 millones en el AMBA respecto al mismo período del año anterior, pasando de 9,8 a 8,1 millones de usuarios diarios (una contracción cercana al 17%).
Sin embargo, el desplome más alarmante se observa en las jornadas destinadas al descanso y el esparcimiento. Los domingos registraron caídas de hasta un 31% en líneas específicas, con medio millón de personas menos circulando por la región en este tipo de días. La quita de subsidios, los reiterados aumentos del boleto y la reducción de la oferta por parte de empresas del sector se combinan para inhibir las salidas prescindibles.
En el subterráneo porteño, el escenario es igualmente complejo. Durante el primer semestre, las siete líneas y el Premetro registraron más de 21 millones de pasajes vendidos menos que en el mismo período de 2023, lo que representa un desplome interanual acumulado cercano al 19%. La red de trenes metropolitanos exhibe una tendencia similar, impulsada por la consolidación de esquemas de trabajo híbrido o remoto en diversos rubros profesionales, sumado a la pérdida generalizada de capacidad de consumo.
El fenómeno plantea serios interrogantes sobre la sostenibilidad económica del esquema de subsidios y la viabilidad de la infraestructura de movilidad en la metrópoli, donde 16 millones de personas deben reorganizar a diario sus economías para poder trasladarse.