29/08/2026 - Edición Nº535

Nacionales

Personas mayores

La vejez bajo presión: crecen los problemas económicos, de salud y bienestar emocional

28/08/2026 | El 46% de los hogares con personas mayores registra ingresos insuficientes, mientras que el 34% presenta altos niveles de sintomatología ansiosa y depresiva.



La situación económica, el acceso a la salud y el bienestar emocional forman un preocupante entramado que afecta cada vez más a las personas mayores en Argentina. Así lo revela el informe Vivir y envejecer en contextos de desigualdad, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA), a partir de datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina.

El estudio, que analiza la evolución de distintos indicadores entre 2017 y 2025, muestra un deterioro particularmente marcado durante los últimos años. Entre las principales señales de alerta aparecen la insuficiencia de ingresos, las dificultades para acceder a servicios de salud y el aumento del malestar psicológico.

Uno de los datos centrales es que el 46% de los hogares donde viven personas mayores considera que sus ingresos no son suficientes para afrontar las necesidades básicas. El impacto de esta situación se refleja especialmente en gastos esenciales como alimentos, medicamentos y atención médica.

La problemática económica también repercute directamente sobre la salud. Según el informe, el 35,2% de las personas mayores tuvo dificultades económicas para acceder a atención sanitaria o adquirir medicamentos durante el bienio 2024-2025. La proporción representa un incremento de más de diez puntos respecto del período 2022-2023.

El impacto en la salud mental

El deterioro no se limita a las condiciones materiales. El informe registra también un fuerte crecimiento del malestar psicológico entre los mayores de 60 años.

El 34% presenta una alta sintomatología ansiosa y depresiva, frente al 19,5% registrado anteriormente. El fenómeno aparece asociado a las dificultades económicas, la pérdida de vínculos, los cambios en las rutinas y la reducción de las redes de contención.

La situación es todavía más preocupante entre quienes atraviesan mayores niveles de vulnerabilidad socioeconómica. En los sectores de menores recursos, los indicadores de malestar psicológico alcanzan valores considerablemente superiores al promedio general.

La soledad también aparece como un factor relevante: el 16% de las personas mayores manifestó sentirse sola en 2025. Para los especialistas, la construcción y el sostenimiento de redes sociales y comunitarias resultan fundamentales para preservar el bienestar durante la vejez.

Cuando la economía obliga a postergar la salud

El informe también pone el foco en las decisiones que muchas personas mayores deben tomar para afrontar sus gastos cotidianos. La falta de recursos puede traducirse en postergar consultas médicas, tratamientos, medicamentos o controles.

La inseguridad alimentaria constituye otra señal de alarma. Pasó del 12,3% en el período 2017-2019 al 18,4% en 2024-2025, lo que evidencia un empeoramiento de las condiciones de subsistencia.

En este contexto, muchos adultos mayores continúan trabajando después de la edad jubilatoria. Para algunos representa una forma de mantenerse activos y vinculados socialmente, pero para otros se convierte en una necesidad frente a ingresos que no alcanzan para sostener los gastos básicos.

Una vejez atravesada por desigualdades

Los especialistas advierten que las condiciones con las que se llega a la vejez no son iguales para todos. La trayectoria laboral, el nivel educativo, el lugar donde se vive, las condiciones habitacionales y el acceso previo a la salud tienen un impacto directo sobre la calidad de vida durante los últimos años.

Por eso, el informe plantea que las políticas destinadas a las personas mayores no deberían limitarse a garantizar ingresos. También resulta necesario fortalecer el acceso a medicamentos y servicios de salud, incorporar la atención de la salud mental y promover redes comunitarias que permitan reducir el aislamiento.

Los investigadores consideran que los datos funcionan como una señal de alerta para el diseño de políticas públicas. La vejez, plantean, no debería estar asociada de manera inevitable con la enfermedad, la soledad o la precariedad económica.

El desafío es que el aumento de la expectativa de vida esté acompañado por condiciones que permitan transitar esos años con autonomía, bienestar y una verdadera calidad de vida.