Javier Milei cumple 1.000 días al frente del Gobierno nacional y llega a esta instancia con un balance que presenta resultados contrastantes. La administración libertaria consiguió reducir de manera considerable el ritmo de inflación y sostener el superávit fiscal, dos de los principales objetivos planteados desde el comienzo de su gestión. Sin embargo, esos resultados conviven con dificultades en el mercado laboral, el consumo y los ingresos de amplios sectores de la sociedad.
Cuando Milei asumió, en diciembre de 2023, la inflación mensual había alcanzado el 25,5%. El último dato oficial disponible, correspondiente a julio de 2026, ubicó la variación mensual en 2,1% y la interanual en 33,8%. El cambio en la dinámica de los precios constituye uno de los principales argumentos que el Gobierno utiliza para defender el rumbo económico.
El frente fiscal también experimentó una transformación. El equilibrio de las cuentas públicas se convirtió en uno de los pilares de la política económica y el Ejecutivo consiguió mantener el superávit fiscal después de años de resultados negativos.
Pero la evolución de la denominada economía real presenta un panorama menos uniforme. La actividad económica, que había sufrido una fuerte contracción al comienzo de la gestión, comenzó posteriormente a mostrar una recuperación. Sin embargo, el crecimiento fue dispar: sectores como energía, minería, agro y algunos servicios tuvieron un mejor desempeño, mientras que la industria y la construcción atravesaron períodos de contracción.
El mercado laboral constituye uno de los principales puntos de tensión. La desocupación pasó del 5,7% en el cuarto trimestre de 2023 al 7,8% en el primer trimestre de 2026. Además, se redujo el número de trabajadores registrados entre diciembre de 2023 y mayo de 2026.
El consumo tampoco logró acompañar de manera uniforme la mejora de las variables macroeconómicas. La recomposición de los ingresos avanzó a diferentes velocidades y el impacto acumulado de la inflación, junto con el aumento de determinados gastos familiares, continuó condicionando las decisiones de consumo.
Así, los 1.000 días de Milei encuentran al Gobierno con una inflación considerablemente menor y las cuentas públicas ordenadas, pero también frente al desafío de transformar esa estabilización en una mejora más amplia y perceptible para trabajadores, jubilados, comercios y empresas.
El interrogante que queda planteado para la nueva etapa es si la estabilidad macroeconómica podrá traducirse en una recuperación sostenida de los ingresos, el empleo y el consumo.