La morosidad atraviesa a distintos sectores de la población, pero presenta diferencias significativas según la edad y el género. Los registros recientes muestran que las mujeres menores de 25 años concentran las tasas de incumplimiento más elevadas del país, un dato que vuelve a poner el foco sobre las dificultades que enfrentan los jóvenes para sostener sus obligaciones financieras.
El fenómeno se vincula con un escenario en el que el acceso al crédito y a distintos medios de financiamiento se combina con ingresos que, para una parte de la población, resultan insuficientes para afrontar de manera regular los compromisos asumidos.
La situación no se limita a las tarjetas de crédito. La evolución de los atrasos también alcanza otros productos financieros y refleja las dificultades de determinados grupos para mantener al día sus pagos.
Los más jóvenes, en el centro del problema
La edad aparece como uno de los factores que más diferencia los niveles de incumplimiento. Los sectores de menor edad presentan mayores dificultades para afrontar sus compromisos, mientras que la morosidad tiende a disminuir a medida que aumenta la edad.
Entre los menores de 25 años, además, se observa una diferencia entre varones y mujeres. Las mujeres de ese grupo etario registran los niveles más altos de incumplimiento, de acuerdo con los datos analizados.
El dato adquiere relevancia en un contexto en el que una parte importante de los jóvenes comienza a utilizar productos financieros antes de contar con una trayectoria laboral consolidada y con ingresos estables.
Una señal sobre el acceso al crédito
La morosidad funciona también como un indicador de las dificultades que existen para sostener el consumo financiado. Cuando los ingresos no acompañan el ritmo de los gastos o de las obligaciones asumidas, los atrasos pueden convertirse en una puerta de entrada a un mayor endeudamiento.
El desafío para el sistema financiero consiste, en ese escenario, en ampliar el acceso al crédito sin profundizar situaciones de sobreendeudamiento.
Los datos sobre los grupos con mayores niveles de incumplimiento permiten observar que el problema no se distribuye de manera uniforme y que la edad y el género son variables relevantes para comprender cómo se comporta la deuda de los hogares.