Las playas bonaerenses están retrocediendo y el fenómeno ya dejó de ser una proyección a futuro para convertirse en un proceso que afecta a distintas localidades del litoral provincial. La erosión costera avanza sobre los médanos, modifica el paisaje y pone en riesgo tanto la infraestructura urbana como la actividad turística.
Un informe elaborado por el Ministerio de Ambiente de la provincia de Buenos Aires junto al Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC-CONICET) analizó 104 puntos estratégicos distribuidos entre Magdalena y Coronel Rosales, a lo largo de aproximadamente 800 kilómetros de costa.
Los resultados muestran un escenario preocupante: apenas el 14% de los sectores relevados conserva buenas condiciones, mientras que el 66% presenta una degradación geomorfológica alta y el 20% restante registra un deterioro intermedio.
Monte Hermoso y Pehuen-Có, entre las localidades más afectadas
En el sudoeste bonaerense, Monte Hermoso y Pehuen-Có aparecen entre las localidades más comprometidas por el avance de la erosión. En esos sectores, el retroceso de la costa alcanza entre 50 centímetros y un metro por año.
En Pehuen-Có, algunas playas urbanas ya tienen menos de 50 metros de ancho. El avance del mar provoca la pérdida de médanos, genera escarpas y derrumbes y amenaza calles y caminos cercanos a la costa. Para reducir el impacto de las tormentas, en distintos sectores se instalaron grandes bolsones de arena en la base de los médanos.
En Monte Hermoso, por su parte, el retroceso costero también representa una amenaza para la infraestructura turística y para uno de los principales atractivos del destino: sus playas.
Cuántos metros podrían perder las playas bonaerenses
Las proyecciones incluidas en el estudio advierten que el deterioro podría profundizarse durante las próximas décadas.
Para 2045, se estima que el retroceso promedio de la línea de costa podría ubicarse entre 17,8 y 19,6 metros. Hacia 2100, la pérdida alcanzaría entre 47,4 y 69,7 metros, dependiendo del escenario climático considerado.
Entre los factores que pueden acelerar este proceso se encuentran el aumento del nivel del mar, las sudestadas de mayor intensidad, las lluvias fuertes, el incremento de las temperaturas y las olas de calor.
El impacto del cambio climático y las intervenciones humanas
El informe también advierte que el cambio climático no es el único responsable del deterioro. Las intervenciones humanas sobre el territorio modifican el funcionamiento natural de las playas y pueden acelerar la pérdida de arena.
La construcción sobre los médanos, la urbanización de la primera línea de costa y las obras rígidas de defensa, como espigones y escolleras, alteran el movimiento natural de los sedimentos. Si bien estas estructuras pueden proteger determinados sectores, también pueden trasladar el problema hacia playas cercanas.
En ese sentido, el relevamiento detectó que el 86% de las defensas costeras analizadas corresponde a estructuras rígidas. De ese total, el 58% está compuesto por espigones y escolleras, mientras que el 28% corresponde a enrocados.

Qué medidas proponen para frenar el deterioro
Frente a este escenario, el Ministerio de Ambiente bonaerense plantea avanzar hacia un modelo de Manejo Costero Integrado, con políticas que permitan reducir el impacto de la erosión y preservar los ambientes naturales.
Entre las medidas recomendadas se encuentran la recuperación de los médanos mediante vegetación nativa, la limitación de la circulación de vehículos sobre la arena y la promoción de balnearios desmontables y de bajo impacto ambiental.
El estudio también destaca la necesidad de coordinar las políticas públicas entre los municipios costeros. El objetivo es evitar que una obra destinada a contener la erosión en un distrito termine agravando el deterioro en otra localidad.
Mar Chiquita, Quequén, Miramar y La Costa también están en alerta
La problemática no se limita al sudoeste bonaerense, sino que se extiende a distintos puntos del litoral provincial.
En Mar Chiquita, particularmente en Camet Norte y Santa Clara del Mar, se registraron retrocesos de hasta 94 metros durante los últimos 20 años. La erosión afecta tanto a los acantilados como a las playas, mientras que la presencia de espigones modificó el transporte natural de sedimentos.
En Quequén, en la zona de Bahía de los Vientos, la prolongación de la escollera sur del puerto alteró la circulación de arena. Esta modificación generó un desequilibrio que provoca acumulación de sedimentos en algunos sectores y pérdida en otros. Además, se registran daños en la avenida costanera y riesgos para las viviendas construidas sobre los acantilados.
En Miramar, los acantilados formados por materiales blandos sufren el impacto constante del oleaje, que provoca desprendimientos y amenaza las construcciones ubicadas en las zonas cercanas.
En el Partido de La Costa, localidades como Santa Teresita, Las Toninas y Mar de Ajó también aparecen entre las más vulnerables. Allí, la urbanización sobre los médanos, la eliminación de dunas y los desagües pluviales que desembocan directamente en la playa contribuyen a profundizar el deterioro.
Por último, en Mar del Plata, la ocupación urbana alcanza prácticamente todo el frente marítimo. En ese contexto, la conservación de algunas playas depende de trabajos periódicos de reposición de arena para compensar las pérdidas provocadas por la erosión.
El relevamiento pone de manifiesto la necesidad de repensar el desarrollo de las localidades costeras bonaerenses. La preservación de los médanos, la planificación urbana y la coordinación entre municipios aparecen como herramientas centrales para evitar que el retroceso de las playas siga avanzando.